En Destilería Cuturrús, late una historia[cite: 1]. No es solo la nuestra, sino la de una tierra, El Bierzo, que nos ha legado su alma[cite: 1].
Cada paso en la creación de nuestro licor es un juramento de fidelidad a los saberes ancestrales, un eco de las manos que nos precedieron[cite: 1].
El alma de Cuturrús nace del fuego de leña y el cobre, donde destilamos con celo los hollejos de nuestras uvas autóctonas, Mencía y Godello, extrayendo únicamente el corazón más puro del orujo.
Sobre este lienzo noble comienza el rito de los Doce Tiempos: una maceración paciente y por etapas de 17 botánicos —hierbas de cumbre, castañas, nueces, manzana reineta, pera conferencia y miel pura de monte—, donde cada elemento aguarda su instante exacto para entregar su esencia sin prisas.
Afinado con agua de manantial hasta alcanzar el equilibrio perfecto de sus 26% vol. y templado en la penumbra del reposo, nace un licor de alquimia ancestral: denso, aromático y fiel al latido DEL BIERZO.
Cuenta la leyenda que aquí, hace más de mil años, los monjes del Monasterio de San Pedro de Montes desarrollaron y custodiaron la receta secreta de Cuturrús.
Entre estos muros de piedra y bajo el amparo del Valle del Silencio, nació una alquimia mística que capturaba el alma de la tierra. Buscando su propio camino, el secreto escapó de la clausura. Cruzó las cumbres de La Cabrera y descendió hasta los barros rojizos de Las Médulas, integrándose en el paisaje y en la memoria de sus gentes.
Así, aquel saber ancestral terminó por asentarse para siempre en la Comarca del Bierzo, transformándose en el legado líquido que hoy llega a nuestras manos.
Vista: Tonalidades ámbar limpio y dorado con reflejos cobrizos.
Nariz: Complejo aroma botánico donde destacan las notas de manzana reineta, frutos secos, miel de monte y un delicado fondo de orujo noble.
Boca: Entrada suave y sedosa. Gran equilibrio entre el dulzor apacible y la calidez del destilado (26% vol.). Final largo con recuerdos herbales y de castaña.